COLUMNA DE:
Tony Salas

Tony Salas

MS, MBA, PhD - Consultor internacional en agronegocios, innovación y sostenibilidad, con más de 500 proyectos en agroindustria, energía renovable e inversiones de impacto en más de 30 países. Ha asesorado transacciones en agro por cerca de USD 1,000 millones. Conduce el podcast “El Agronauta”. Fundador y Presidente de ACM Consulting.
02 febrero 2026 | 11:20 am Por: Tony Salas

Historias del Agronauta: ¡Agua imaginaria pa’ mi chacra! (parte 2)

Historias del Agronauta: ¡Agua imaginaria pa’ mi chacra! (parte 2)

Ahora que ya conocemos las categorías principales del agua, podríamos recorrer las chacras del Perú clasificándolas sin mayor dificultad: las que tienen agua real y legal, las que tienen agua real pero ilegal y, finalmente, las que solo tienen agua legal, pero que en la práctica no reciben ni una gota.

Como les advertí en la historia anterior, hoy toca introducir una categoría adicional, menos reconocida pero bastante extendida: el agua imaginaria.

En la costa y la sierra del Perú —donde el agua es un recurso bastante más crítico que en la selva— existe un sinnúmero de tenedores de tierras. Van desde comunidades campesinas hasta herederos insospechados de antiguos terratenientes que, por fortuna o buen manejo legal, lograron preservar fundos importantes en pleno desierto o en la montaña. No son pocos los que llegan mes a mes a la consultora con planos, resoluciones y mapas coloridos, acreditando la propiedad de extensiones enormes.

En muchos casos, la propiedad en sí misma está en duda: defectos en el sistema de titulación, pleitos entre herederos, conflictos con vecinos, invasiones, juicios interminables, superposiciones gráficas. Con los años, uno aprende a desenterrar estos problemas como quien excava una ruina antigua, con la esperanza de encontrar un tumi de oro… y usualmente termina encontrando solo un par de huacos rotos.

Pero el dueño —siempre— se regodea en el potencial incomparable de su terreno. Ninguna otra oportunidad de inversión se le acerca. Y ni hablar de las pretensiones económicas que ha ido construyendo durante años de desenrollar esos planos una y otra vez, convencido de que los activos familiares valen millones, aunque muchas veces no tenga ni para invitar el café.

Ustedes dirán qué tiene que ver todo este rollo con el agua. Acá viene lo bueno.

Todos, absolutamente todos, aseguran tener agua.
No me refiero al agua legal, sino a lo que ellos consideran “agua real”, pero que tras una evaluación técnico-económica rigurosa podría calificarse, sin mucho esfuerzo, como agua imaginaria, dependiendo del coeficiente de fe que uno esté dispuesto a aplicar.

En la costa aparecen estudios hidrogeológicos que prometen caudales generosos con base en unos pocos sondeos geoeléctricos o acuíferos agotados hace décadas. En la sierra, la fe se deposita en lagunas alimentadas por deshielos ajenos, que supuestamente podrían aprovecharse “sin mayor problema”. Mi experiencia evaluando acuíferos en la costa peruana, inspeccionando más de 500 pozos —existentes y potenciales, profundos y superficiales, entubados y artesanales— y revisando estudios hidrogeológicos de toda complejidad posible, me ha dejado una conclusión simple y poco glamorosa:

la única forma cierta de conocer caudales, calidades, profundidades y recarga de un acuífero es sacando agua.
Se pueden hacer los estudios más sofisticados del mundo, pero hasta que no brota el primer chorro del pozo exploratorio, el agua sigue siendo imaginaria. Lo mismo aplica para quienes creen que pueden explotar lagunas altoandinas sin estudios de impacto ambiental, sin diálogo y sin acuerdos con las comunidades. En el imaginario colectivo de muchos tenedores de tierras, la factibilidad hídrica ya está resuelta… aunque la realidad diga exactamente lo contrario.

Hagan el ejercicio: revisen los avisos de venta de tierras agrícolas en la costa y la sierra. Verán extensiones impresionantes, precios ambiciosos y una frase que se repite con sospechosa frecuencia: “cuenta con abundante disponibilidad de agua”. Esa frase, por sí sola, ya debería activar todas las alarmas. En el Perú, tierra sin agua, sobra.

En una próxima Historia del Agronauta, les contaré del periplo que implica convertir el agua real en agua legal: el recorrido burocrático, la paciencia institucional y los obstáculos que hay que sortear para obtener una licencia de agua pa’ una chacra en el Perú, incluso cuando toda lógica te da la razón.

Con la fe intacta en el agro (aunque suene imaginario),
un abrazo, Agronautas.