(Agraria.pe) Su familia empezó muchos años atrás en la venta de abarrotes, actividad que luego se enfocó en el comercio de alimento balanceado para animales y, en un paso más, en una gran integración con el negocio y con la de la producción de pollo, pavo y gallina, entre otros.
Liz Soto Luna explica que fue con la siguiente generación que decidieron llevar esta historia familiar-comercial al ámbito de la genética, que es un punto clave en la cadena de producción de aves con la reproducción de pollos, gallinas ponedoras y pavos. “Así es como llegué a esta industria”, dice.
Hoy, como socia de la empresa Gramogen y directora del Consejo Ejecutivo de ADEX, comparte algunas reflexiones a puertas de conmemorar el 8 de marzo el Día Internacional de la Mujer.
La primera de ellas es crítica: “Vivimos en una realidad del país donde existen inequidades en las oportunidades que se dan a los hombres y las mujeres. Esto tiene un arraigo cultural grande con una serie de pensamientos que persisten sobre los roles del hombre y la mujer. Hay una idea de que la mujer es más débil y debe ser cuidada y asignarle labores más administrativas en las empresas, perdiendo el potencial enorme de seguir creciendo profesional y empresarialmente. Esto viene del hogar y a veces lo ves en el trato con proveedores y clientes”.
Resaltó sin embargo que en su empresa, que forma parte de ADEX, se promueve ahora una mayor participación del liderazgo femenino. De hecho, en el Consejo Ejecutivo del gremio existen hoy dos directoras (de un total de ocho puestos), cuando hace una década no había ni una; y en el Consejo Directivo la proporción es similar, con el 25% de miembros mujeres. El camino es largo aún, refiere, para abarcar aspectos como educación, salud, maternidad.
En el agro
Soto considera que es importante que en sectores como la agroindustria la participación de las mujeres llegue ya al 40% en labores como la cosecha, pero matiza que este porcentaje va disminuyendo conforme se revisa la participación en áreas de toma de decisiones. “Es ahí donde se desaprovecha el potencial femenino, no se trata de quién es mejor que quién, sino que las decisiones que se complementan son más valiosas y cuando se tiene la mirada de ambos lados se toma mejores decisiones a nivel de las empresas “, comentó.
Para avanzar en esta agenda, propone tomar conciencia de las diferencias estructurales en que vivimos y las distintas necesidades que tienen los hombres y las mujeres, especialmente porque conforme se examinan niveles socioeconómicos bajos o ámbitos rurales, la situación es más dramática, con madres solteras o mujeres que están a cargo de familias y trabajan en la agroindustria.
“Muchas compañías están presentes con lactarios y horarios variables para estas necesidades. Otro factor interesante es el reclutamiento, porque si los reclutadores son solo hombres hay un sesgo. El equipo reclutador de las compañías puede ser mixto e incorporar candidatas para puestos que van de más responsabilidad hacia arriba”, apuntó.
Lo importante, sostiene, es que se encuentre un equilibro entre el hogar y el trabajo, con empresas que otorguen facilidades tanto a padres como madres para compartir equitativamente la carga familiar, no solo a la mujer. Esto ayudará a que las mujeres estén más empoderadas que sea más productiva en beneficio de su organización y el país.
Finalmente, sobre la denominación de la FAO de 2026 como “Año Internacional de la Mujer Agricultora”, ponderó que es un enunciado útil como recordatorio de que hay mucho por hacer, considerando además que el 40% del valor agregado en la cadena agroindustrial está representado por mujeres, cuyos casos deben ser visibilizados.