28 septiembre 2026 | 09:03 am

Del mercado que se captura al que se construye: el próximo salto de la agroexportación peruana

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Del mercado que se captura al que se construye: el próximo salto de la agroexportación peruana
Con más de US$15 mil millones exportados en 2025, el sector mira ahora hacia la biodiversidad andina y amazónica. Para el especialista Vladimir Barrantes, el desafío será aprender a crear mercados y no solo a capturar los que ya existen.

(Agraria.pe) La agroexportación peruana superó en 2025 los US$15 mil millones, una cifra que, según el especialista en finanzas sostenibles y desarrollo productivo Vladimir Barrantes Caballero, refleja "uno de los procesos de transformación productiva más importantes de las últimas décadas". Detrás de ese resultado, explica, hay inversión, tecnología, infraestructura, apertura de mercados, desarrollo logístico, cumplimiento de estándares sanitarios y una notable capacidad empresarial para convertir oportunidades globales en negocios exportadores.

Palta, uva y arándano simbolizan esa trayectoria. El patrón, señala Barrantes, ha sido similar: identificar productos con demanda internacional consolidada, incorporar variedades competitivas, adaptar la tecnología a las condiciones locales y aprovechar ventajas como el clima, la contraestación y, sobre todo, la capacidad productiva de la costa. El arándano es, a su juicio, el caso más ilustrativo de cómo el país rompió paradigmas: un cultivo que dos décadas atrás difícilmente se imaginaba en la costa a gran escala hoy tiene al Perú como uno de sus principales proveedores mundiales.

Un modelo que debe continuar, pero no es el único camino
El especialista sostiene que este éxito debe mantenerse y que el país debe seguir aprovechando aquellos productos de gran demanda en los que tiene ventajas competitivas. Sin embargo, plantea que el siguiente gran salto no debería limitarse a buscar el próximo producto que el mundo ya consume y que el Perú pueda aprender a producir.

La otra oportunidad, más compleja y probablemente más transformadora, es convertir productos de la biodiversidad en cadenas de valor capaces de competir en mercados internacionales. "Hasta ahora hemos sido especialmente buenos capturando mercados que ya existen", afirma. En esos casos, el consumidor conoce el producto, hay importadores, estándares comerciales, canales de distribución y precios de referencia; el reto era producir con la calidad, oportunidad y costo necesarios.

En los productos de la biodiversidad, en cambio, el desafío es distinto. El producto existe, las comunidades locales lo conocen y aprovechan, y posee atributos nutricionales, funcionales o ambientales de gran valor. Lo que aún no existe a escala suficiente es el mercado.

Andes, Amazonía y bosques
Barrantes propone mirar no solo hacia los cultivos agrícolas tradicionales, sino también hacia los Andes, la Amazonía y los bosques. Menciona la quinua, el cacao, el tarwi, las papas nativas, el aguaymanto y la castaña, pero advierte que la oportunidad es mucho más amplia: el aguaje, el camu camu, el ungurahui, las plantas medicinales, los aceites, las resinas y otros frutos y productos forestales no maderables.

Esta mirada, indica, amplía el concepto mismo de agroexportación. En algunos casos, generar valor no implica reemplazar el bosque por un cultivo, sino mantenerlo en pie, manejarlo de forma sostenible y desarrollar mercados alrededor de los bienes que produce. Biodiversidad, conservación y generación de ingresos pueden formar parte de una misma estrategia de desarrollo.

Ya hay señales de que el camino es viable. La quinua logró ingresar con fuerza a mercados internacionales; el cacao peruano construye reconocimiento por calidad y origen; la castaña vincula la economía amazónica con el aprovechamiento sostenible del bosque; y el café y el cacao muestran que es posible exportar de manera competitiva con pequeños productores organizados.

Ampliar la base territorial y productiva
Para el especialista, este último punto es clave. Buena parte del boom agroexportador se ha concentrado en la costa, en torno a grandes inversiones, irrigaciones y empresas con capacidad de producir a escala. Ese modelo ha dado resultados extraordinarios y debe seguir creciendo, pero una estrategia centrada en la biodiversidad permitiría extender las oportunidades a los Andes y la Amazonía, a pequeñas unidades productivas, organizaciones de productores y comunidades que hoy participan mucho menos del dinamismo exportador.

Construir mercados: el verdadero reto
Barrantes advierte que no basta con declarar que los productos son especiales, ni siquiera con producirlos. Hay que convertirlos en ofertas comerciales consistentes, sostenibles y trazables, con presentaciones adecuadas, volúmenes y calidad garantizados, y lograr que consumidores y empresas de otros países los conozcan, entiendan sus atributos y encuentren razones para incorporarlos a su consumo. "Tenemos que aprender no solamente a capturar mercados, sino también a construirlos", resume.

Ello requiere investigación comercial, desarrollo de productos, promoción, articulación con compradores, identificación de segmentos, información sobre atributos, certificaciones cuando correspondan y acompañamiento durante varios años. Abrir un mercado nuevo es probablemente más difícil que ingresar a uno existente, admite, pero también puede diversificar las exportaciones, valorizar la biodiversidad, generar ingresos en nuevos territorios e incorporar productores que difícilmente competirían solo con escala y bajos costos.

El país, agrega, no parte de cero: en las últimas décadas ha desarrollado capacidades para producir con altos estándares, cumplir protocolos sanitarios, trabajar trazabilidad, obtener certificaciones, exportar a mercados exigentes y resolver problemas tecnológicos complejos. Esa experiencia puede aplicarse ahora a productos cuyo principal desafío es también comercial.

Una nueva pregunta para el futuro exportador
Para Barrantes, la reflexión sobre el futuro de las exportaciones debería ampliarse. No se trata de preguntarse solo qué consume el mundo que el Perú puede producir mejor, sino también "qué tenemos nosotros que el mundo todavía no ha aprendido a consumir".

Responderla exigirá paciencia, inversión, promoción y una articulación sostenida entre empresas, productores, Estado, cooperación e investigación. A cambio, concluye, puede abrir una nueva etapa del desarrollo exportador peruano: tras décadas demostrando que sabe identificar lo que el mundo demanda, el país deberá también reconocer aquello que lo hace diferente y lograr que el mundo aprenda a valorarlo.

Edwin Ramos
AUTOR
Edwin Ramos prensa@agraria.pe
Periodista especializado en agroindustria, producción y tecnología.
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