(Agraria.pe) A un mes de la presentación oficial del informe estratégico “Perspectivas de la agricultura y del desarrollo rural en las Américas 2025–2026”, las discusiones de fondo sobre el documento empiezan a ganar terreno entre los analistas del sector. El reporte, desarrollado de forma conjunta por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el CAF -banco de desarrollo de América Latina y el Caribe- y el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), pone sobre la mesa un diagnóstico crítico sobre el desempeño estructural del campo en la región.
Para Juan Manuel Gámez, especialista en sistemas agroalimentarios y proyectos de gestión ambiental, el informe no debe ser leído como un simple compendio estadístico, sino como una advertencia sobre las bases que sostienen el aparato alimentario regional. El análisis parte de una premisa clara: elevar la productividad no es solo un asunto matemático.
"La productividad agrícola es clave para producir más alimentos a menor costo y de manera sostenible, pero también para fortalecer la seguridad alimentaria, el empleo rural, los ingresos de los productores y la resiliencia de los sistemas agroalimentarios", precisó Gámez, añadiendo que "no estamos hablando solo de rindes o eficiencia, sino de una condición estructural para el desarrollo rural".
El dato incómodo: El desplome de la eficiencia real
El punto más crítico del informe técnico se concentra en la evolución de la Productividad Total de los Factores (PTF) agropecuaria en América Latina y el Caribe. Las cifras históricas revelan que entre los años 1990 y 2010, este indicador de eficiencia creció cerca de un sólido 53 %. Sin embargo, en el periodo comprendido entre 2011 y 2020, el crecimiento apenas alcanzó un 5 %.
El especialista alertó que este estancamiento oculta una dinámica comercialmente peligrosa para la sostenibilidad de los suelos y las economías rurales en los últimos años.
"Buena parte del crecimiento de la producción vino más por mayor uso de insumos que por mejoras de la eficiencia", aseveró Gámez. Esta distorsión desplaza el debate técnico hacia la necesidad de reevaluar las políticas agrarias, entendiendo que "la productividad es también una discusión sobre equidad, sostenibilidad, seguridad alimentaria, financiamiento, innovación y gobernanza".
Baja inversión y los riesgos de la brecha digital
El informe regional también saca a la luz variables estructurales que suelen quedar al margen del debate público. Entre ellas destacan la baja inversión en Investigación y Desarrollo (I+D) agropecuaria —a pesar de registrar altos retornos financieros—, la urgencia de estructurar un financiamiento rural que rompa los esquemas del crédito bancario tradicional y el rol estratégico de la asistencia técnica para blindar a la agricultura familiar.
Respecto a la irrupción de las nuevas tecnologías y las herramientas AgTech en los valles latinoamericanos, el especialista se mostró cauteloso sobre su distribución equitativa.
"Existe el riesgo de que la digitalización y las AgTech amplíen brechas si no llegan acompañadas de capacidades, conectividad e inclusión", advirtió, apuntando a que la tecnología sin un plan de adopción rural puede profundizar la desigualdad en el campo.
Frente a estas amenazas, el documento señala que existen ventanas de oportunidad ligadas al uso de bioinsumos, el manejo integrado de plagas, la eficiencia de recursos y la agregación de valor en origen. Asimismo, insta a los gobiernos a tratar la sanidad, la trazabilidad y la convergencia regulatoria como verdaderos "bienes públicos regionales".
Gámez concluyó señalando que para los profesionales enfocados en la cooperación técnica y los sistemas alimentarios, el documento excede el rol de un diagnóstico tradicional.
"Este informe no es solo un diagnóstico. Es también una hoja de ruta para pensar políticas, instituciones y alianzas capaces de acompañar una transformación productiva real en la región", sentenció el analista, proyectando los desafíos urgentes que las Américas deberán resolver para consolidar su soberanía y competitividad agrícola.