(Agraria.pe) McKinsey & Company presentó la cuarta edición de su encuesta bienal Global Farmer Insights, un estudio que desde 2020 recoge la percepción de productores agrícolas alrededor del mundo. La versión 2026 se aplicó entre abril y julio a 5.500 agricultores de diez países —entre ellos, por primera vez, Perú, China y España— en un contexto marcado por el cierre del estrecho de Ormuz, el fenómeno de El Niño, la incertidumbre económica en América Latina y la desaceleración en China e India.
El reporte, elaborado por un equipo liderado por David Fiocco, Owen Stockdale, Tom Brennan y Vasanth Ganesan, de la práctica de Agricultura de la consultora, describe un escenario de márgenes ajustados: los rendimientos se han mantenido relativamente altos desde la última medición, lo que ha presionado a la baja los precios de los commodities, mientras los costos de fertilizantes, energía, mano de obra, equipos y financiamiento continúan elevados o volátiles.
Cautela generalizada en el gasto
Aunque la mayoría de los agricultores encuestados sigue abierta a invertir, la intención de gasto cayó de forma significativa frente a 2024. Según el estudio, la mayor retracción se registró en Argentina, donde el indicador de gasto neto —la diferencia entre quienes planean aumentar y quienes planean reducir su inversión en los próximos 12 a 18 meses— retrocedió 49 puntos porcentuales, seguida por Canadá, India y Brasil, con caídas de 28, 28 y 24 puntos, respectivamente. España y Francia se ubican en extremos opuestos: el primero sostiene un panorama más favorable gracias a sus cultivos de especialidad y sus mercados de exportación, mientras el segundo enfrenta mayor presión por costos, regulación, clima y una demanda más débil, sobre todo en el sector vitivinícola.
Frente a la caída de márgenes, los fertilizantes son, según el informe, el insumo que primero se recorta cuando el presupuesto se ajusta y el primero que se restituye cuando mejora la rentabilidad, aunque reducir su uso puede afectar el potencial de rendimiento a futuro. La maquinaria agrícola sigue un patrón similar: un 16% de los productores la señala como el primer gasto que recortan, frente a un 36% que planea priorizarla apenas mejoren las utilidades, el mayor repunte entre todas las categorías evaluadas.
Los bioinsumos ganan terreno
Pese al contexto adverso, la innovación no se detiene, aunque se vuelve más selectiva: los agricultores priorizan tecnologías que resuelven problemas específicos y que muestran resultados bajo condiciones locales. El estudio midió la adopción de tres frentes: bioinsumos, agtech establecida e inteligencia artificial generativa.
Más de la mitad de los productores de cultivos de especialidad ya utiliza al menos un bioinsumo, ya sea biocontrol o bioestimulante, mientras que entre los productores de cultivos extensivos la adopción es menor: 36% usa biocontroles y 43% bioestimulantes. América Latina, liderada por Perú, registra las tasas de adopción más altas, favorecida por una red de distribución de insumos más desarrollada y una fuerte presión de plagas y enfermedades propia de los sistemas tropicales.
La IA generativa avanza en las decisiones diarias
Aunque no formaba parte de la edición anterior de la encuesta, la inteligencia artificial generativa ya es usada por el 17% de los agricultores para tareas relacionadas con el campo, si bien solo el 4% paga por alguna solución. Su adopción es mayor en América Latina y América del Norte, y en Estados Unidos el uso —tanto gratuito como pagado— crece a un ritmo similar al de las tecnologías agrícolas de más rápida adopción registradas hasta ahora.
Compras más digitales, pero con asesores de confianza
El proceso de compra también se está digitalizando: entre 2024 y 2026 aumentó la preferencia por canales digitales en todas las etapas del proceso, especialmente en la investigación inicial de productos. El 31% de los agricultores ya usa canales digitales para investigar productos y el 36% para evaluarlos y compararlos, 14 puntos porcentuales más que en 2024.
Sin embargo, el informe advierte que los asesores técnicos siguen siendo determinantes al momento de cerrar una compra. Por primera vez en la serie histórica de la encuesta, la influencia de los representantes de ventas cayó de forma significativa —11 puntos porcentuales a nivel global—, mientras los agrónomos se mantienen como la principal fuente de confianza para el 56% de los productores, con mayor peso entre los agricultores más jóvenes. En contraste, solo el 6% de los encuestados considera a las herramientas de IA generativa o a la búsqueda con IA como una fuente confiable para tomar decisiones.
Un campo más disciplinado
El reporte concluye que los agricultores están adoptando un comportamiento más disciplinado frente a la volatilidad: postergan gastos en el corto plazo, pero planean reinvertir en cuanto mejore la rentabilidad. Siguen abiertos a innovar, aunque exigen retornos demostrables, y aunque recurren menos a asesores no técnicos, continúan buscando orientación experta pese al creciente volumen de información disponible en línea.
Para McKinsey, esto implica que la recuperación del gasto agrícola será desigual entre países, cultivos y categorías de producto, y que las empresas del sector que mejor acompañen a los agricultores en la identificación de dónde está el valor serán las mejor posicionadas para capturar esa recuperación.