(Agraria.pe) La producción de café pergamino en el Perú es más sensible a lo que ocurre en el Pacífico central que a otras variantes del fenómeno climático, y sus efectos pueden extenderse hasta por dos periodos, no necesariamente dos años calendarios completos. Así lo señala un análisis publicado en el Observatorio del Café, destcado por Julio Rospigliosi, especialista en investigación económica de la Dirección de Estudios Económicos del Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego (Midagri).
De acuerdo con el estudio, la actividad cafetalera nacional está más influenciada por El Niño que se desarrolla en el Pacífico central —conocido también como Niño global, medido a través de los índices Niño 3 y Niño 4— debido a la disposición geográfica de las zonas productoras. El canal de transmisión de este impacto, precisa el documento, es el rendimiento por hectárea cosechada.
Por qué el análisis trimestral es clave
El especialista del Midagri sostiene que las evaluaciones basadas en series anuales pueden esconder la dinámica real que atraviesa el sector cafetalero durante los episodios de El Niño global, ya que sus efectos no siempre coinciden con el calendario de un año. Por ello, el análisis recomienda migrar hacia series de frecuencia trimestral, que permiten captar con mayor precisión los componentes de tendencia, ciclo, estacionalidad y variación irregular de la producción.
Las series ajustadas estacionalmente, indica el informe, ofrecen una buena aproximación de la coyuntura de corto plazo y facilitan la comparación entre trimestres consecutivos. No obstante, el análisis se profundiza cuando se aísla únicamente el componente cíclico de la serie, el cual refleja la desviación de la producción de café pergamino respecto a su tendencia de largo plazo en cada trimestre.
Dos episodios de El Niño, dos resultados distintos
Uno de los hallazgos centrales del documento, destaca Rospigliosi, es que las buenas prácticas agronómicas pueden reducir o atenuar los efectos de El Niño global sobre los cultivos de café. El documento compara dos episodios de similar intensidad —clasificados como fuertes— ocurridos en 2015-2016 y en 2023-2024, cuyo impacto en la producción fue notoriamente diferente.
Según el análisis, el episodio de 2015-2016 coincidió con un proceso de recuperación de la actividad cafetalera basado en la renovación de cafetales. Las nuevas plantaciones, con mayores rendimientos, mostraron más resistencia frente a hongos y enfermedades asociados a El Niño global.
En contraste, durante el periodo 2023-2024, el envejecimiento de las plantas y el manejo agronómico deficiente hicieron que la actividad cafetalera fuera más vulnerable a los efectos del fenómeno. Entre las prácticas que marcan la diferencia, el especialista del Midagri destaca el monitoreo sanitario de alerta temprana, el buen estado sanitario de las plantas, la renovación de cafetales y el uso de variedades mejor adaptadas a la variabilidad climática.
El impacto se extiende más allá del fenómeno
El estudio también advierte que los efectos de El Niño global pueden prolongarse incluso después de que el fenómeno ha culminado. Como ejemplo, cita que durante el episodio 2023-2024 la caída más pronunciada del ciclo productivo del café pergamino —de 5,9% respecto a su tendencia— se registró en el tercer trimestre de 2024, pese a que El Niño global ya había concluido en el segundo trimestre de ese año.