26 agosto 2026 | 09:20 am Por: Edwin Ramos | prensa@agraria.pe

Lo que El Niño costero le enseñó al arándano peruano de cara al fenómeno de 2026

Lo que El Niño costero le enseñó al arándano peruano de cara al fenómeno de 2026
Un análisis de comercio exterior muestra que la campaña 2023/24, golpeada por el ciclón Yaku, exportó 22.8% menos volumen pero facturó 33.5% más. Con El Niño asomando para 2026, la lección apunta a que el golpe climático no afecta parejo: depende de cuándo pega, a quién golpea y hacia dónde se exporta.

(Agraria.pe) Cuando el ciclón Yaku azotó la costa norte del Perú a comienzos de 2023, el diagnóstico inmediato para la agroexportación fue de pérdida. Y en volumen, lo fue: la campaña 2023/24 cerró con 221,835 toneladas de arándano exportado, frente a las 287,344 toneladas del ciclo anterior, una caída de 22.8%. Pero el valor generado por esas exportaciones no solo no cayó, sino que subió 33.5%, hasta los USD 1,837 millones.

La explicación está en el precio. Así lo detalla José Antonio Gómez Bazán, fundador de AgroValue, quien revisó la data de comercio exterior para medir el efecto real del shock climático sobre el mercado, comparando la campaña afectada contra el año previo y el posterior.

"Revisé la data de comercio para medir qué le hizo al precio el shock del Niño costero", explica Gómez Bazán, quien basó su análisis en datos de Agronometrics y ProArándanos.  Los números: el precio FOB promedio saltó de USD 4.79 a USD 8.28 por kilo, un incremento de 72.9%, más que suficiente para compensar la caída de 65,509 toneladas en volumen.

Una elasticidad que sobrecompensó
El primer hallazgo del análisis es que la relación entre oferta y precio no fue proporcional, sino que se disparó por encima de lo esperado. En términos logarítmicos, cada punto porcentual de caída en volumen empujó el precio 2.1% hacia arriba. El resultado, a nivel país, fue una facturación mayor con menos fruta en el mercado.

Pero ese salto agregado esconde una asimetría de fondo: es un promedio nacional, y el productor que efectivamente perdió su cosecha por el fenómeno climático no llegó a cobrar esa prima de precio. La ganancia del sector no se repartió entre quienes sufrieron el shock, sino entre quienes sí lograron cosechar y colocar fruta en un mercado más escaso.

El momento del golpe importa tanto como su tamaño
El segundo hallazgo tiene implicancias directas para la planificación de la campaña 2026. La prima de precio no fue constante a lo largo del año: tuvo un pico en la semana 39 (setiembre de 2023), cuando el kilo llegó a cotizarse en USD 10.02, más del doble que las USD 4.39 de la misma semana un año antes. Desde enero, sin embargo, ese diferencial se fue cerrando.

La lectura práctica que hace Gómez Bazán es que perder producción en las semanas tempranas de la campaña no tiene el mismo costo de oportunidad que perderla en las semanas tardías, cuando el mercado ya empieza a normalizar precios. Para un productor, no es lo mismo que el clima le pegue en julio que en enero.

El destino también determina cuánto se gana
El tercer punto que resalta el análisis es que el efecto del shock no se distribuyó de forma pareja entre mercados de destino. Estados Unidos pagó 85.8% más por el arándano peruano, y lo hizo con una caída de volumen proporcionalmente menor que la registrada en China (−32.3%) o Países Bajos (−34.0%), destinos donde el ajuste de oferta fue más severo.

Un retorno a la normalidad que no fue simétrico
La campaña siguiente, 2024/25, confirma que el mercado no vuelve al punto de partida una vez que pasa el shock. El volumen se recuperó hasta las 325,890 toneladas y el precio bajó a USD 6.55 por kilo, pero ese nivel se mantuvo 37% por encima del piso previo al fenómeno climático de 2023.

La lectura para 2026
Con el Fenómeno del Niño proyectado para este año, el precedente de la campaña 2023/24 ofrece una hoja perspectiva nueva para el sector: un evento climático adverso no necesariamente destruye valor para la industria en su conjunto, pero sí lo redistribuye —entre productores golpeados y no golpeados, entre semanas tempranas y tardías de cosecha, y entre mercados de destino— de forma desigual. La pregunta para los agroexportadores no es solo cuánto volumen se perderá, sino cuándo se perderá y hacia qué mercados seguirá fluyendo la fruta que sí logre cosecharse.

 

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