(Agraria.pe) Durante años, cuando el sector hablaba de brecha digital en el campo, la conversación giraba principalmente en torno a la conectividad, los dispositivos o el acceso a la información. Ese problema, advierte Julián Fernando Becerra Encinales, líder estratégico en transformación del sector agroindustrial, sigue vigente. Pero la irrupción de la inteligencia artificial le está sumando una nueva capa de complejidad.
"La próxima brecha digital del agro no será quién tiene acceso a la IA, sino quién sabe convertirla en mejores decisiones", plantea.
La paradoja de la democratización tecnológica
Según el especialista, cada vez será más sencillo acceder a herramientas capaces de interpretar imágenes, analizar datos, responder preguntas técnicas, anticipar riesgos o generar recomendaciones para el campo. Sin embargo, esa facilidad de acceso esconde una paradoja que el sector todavía no dimensiona del todo.
"Democratizar el acceso a la IA no necesariamente democratiza sus beneficios. Porque disponer de una herramienta no significa tener la capacidad de utilizarla correctamente", sostiene.
El argumento de fondo, explica Becerra Encinales, es que en agricultura una recomendación rara vez puede separarse del contexto que la origina: el cultivo, el territorio, el clima, el estado del suelo, la escala productiva, los recursos disponibles y, sobre todo, la calidad de la información con la que se alimenta la decisión. Por eso, insiste, la precisión tecnológica por sí sola no basta.
"La verdadera diferencia estará en la capacidad de interpretar, contextualizar y decidir", afirma.
El extensionista, una figura que se transforma en lugar de desaparecer
Frente a este escenario, el especialista sitúa a la extensión tecnológica como una pieza cada vez más relevante, aunque no en el rol que tradicionalmente ha cumplido: el extensionista no debe competir con la inteligencia artificial, sino redefinir su función dentro de ese nuevo ecosistema.
"Su rol puede evolucionar desde transmitir información hacia facilitar mejores decisiones", señala, y agrega que ese cambio implica "ayudar a formular mejores preguntas, validar recomendaciones, conectar conocimiento científico con experiencia territorial y desarrollar autonomía para decidir".
El riesgo de que la IA amplíe las brechas que debería cerrar
Desde una mirada sistémica, el especialista advierte que la inteligencia artificial no debería analizarse como una tecnología aislada, ya que su impacto real dependerá del sistema que se construya a su alrededor.
"Una misma herramienta, puesta en manos de productores con capacidades, información, conectividad y acompañamiento diferentes, puede producir resultados profundamente distintos", explica.
Esa disparidad, remarca, es precisamente el riesgo que el sector agroindustrial debería anticipar antes de que se materialice.
"Ahí aparece un riesgo que deberíamos anticipar: que la IA aumente la productividad de quienes ya cuentan con mayores capacidades y termine ampliando las brechas de quienes más necesitan cerrarlas", advierte Becerra Encinales.
Repensar qué significa inclusión digital en el campo
Para el analista, esta reflexión obliga a redefinir el concepto mismo de inclusión digital en el agro, que no debería limitarse a acercar nuevas herramientas al territorio.
"Inclusión digital en el agro no debería significar solamente llevar nuevas herramientas al territorio. Debería significar construir capacidades para transformar información en conocimiento, conocimiento en decisiones y decisiones en mejores resultados", plantea.
Bajo esa lógica, concluye que el verdadero desafío de la extensión tecnológica en los próximos años no pasará por multiplicar el volumen de información que llega al productor, sino por fortalecer su capacidad de decisión.
"Quizás esa será una de las grandes responsabilidades de la extensión tecnológica en los próximos años: no llevar más información al productor, sino fortalecer su capacidad para decidir mejor".