He escuchado unos seis discursos y leído una docena de notas de candidatos a la presidencia, algunos en Agraria.Pe, sobre lo que proponen para el agro. Es evidente la creatividad, y algunos casos las ocurrencias. En todo caso, debe halagarnos el interés por los temas del agro y la alimentación y las relaciones agricultura-consumidor.
Sin pretender hacer un resumen de la referida creatividad, llama la atención la coincidencia en aspectos como, mejorar la competitividad de la agricultura campesina; promover el manejo adecuado de los recursos hídricos; mejorar la asociatividad; afrontar el cambio climático; democratizar el acceso al crédito; y para quedar bien con algunos segmentos sociales, algunas ocurrencias como, reducir los privilegios de los que goza la agro-exportación; y varios más.
Escuchadas y leídas estas promesas de campaña, la pregunta de fondo es: A quienes van dirigidos estos mensajes: A la población urbana, a la que le interesa especialmente que los alimentos sean más baratos y estén disponibles; y/o a la población rural empleada en la agricultura, a la que interesa insumos más baratos y canales más eficientes de comercialización. Posiblemente ambos segmentos se quedan insatisfechos con las propuestas y claman: No me haga promesas…dígame que va a hacer, con quien y que va a lograr.
Las propuestas tienen algunos elementos en común: Ausencia de medidas específicas para alcanzar los citados objetivos, omisión de referencia a metas y cuando se verán resultados; ninguna apreciación del costo y de cómo se va a financiar; y supuestos heroicos sobre la capacidad institucional requerida, para implementar las medidas que se proponga. Estos últimos aspectos son de suma relevancia, especialmente considerando que el diagnóstico, en muchos casos, mencionó la debilidad institucional del MIDAGRI y sus anexos.
En el articulo que publiqué en Agraria.Pe en febrero del 2021, víspera de las elecciones anteriores (Enderezando el rumbo en el agro: Una reflexión sobre las propuestas de los candidatos); una de las criticas que hice fue…el abordaje es poco sustantivo; y caracterizado por una visión aislada de la agricultura, sin darle un papel en el desarrollo nacional, a ello se suma la posición individualista del sector público agrario. Hoy, parece que eso se repite.
En el contexto actual, y considerando la altísima relevancia de tomar en serio el agro y la alimentación, es necesario que se haga explícito que el MIDAGRI por sí solo, y aunque mejore un poco, está muy lejos de poder lograr cambios significativos. Hay que articular mejor el papel que desempeñarán las entidades públicas agrarias que hasta ahora funcionan cada una por su lado; fortalecer las organizaciones del sector privado ligado al agro, como por ejemplo las cooperativas agrarias, las Juntas y Comisiones de usuarios de agua; y ampliar la oferta de servicios de las asociaciones de agroexportadores. Tan importante como ello es la participación efectiva de los Gobiernos Regionales, especialmente considerando que la agricultura es la principal actividad en las regiones y donde la agricultura y la minería deben trabajar en forma articulada.
Por otro lado, es cada vez más obvio que se requieren otras politicas no agrarias que implican que la institucionalidad no se limita al MIDAGRI y sus órganos descentralizados, mejor dicho, dispersos. En lo sectorial es impostergable una reforma sustantiva, no más parches y cambios de nombre a las instituciones, para hacer creer que hay cambios reales. Entre otras cosas; hay que decidirse a la fusión de PRODUCE y el MIDAGRI; terminar con la proliferación de proyectos que acumulan burocracia en Lima y moverlos a las regiones, captando recursos de los gobiernos regionales y locales.
Puedo estar pidiendo peras al olmo al requerir que las propuestas sean más sustantivas, sin que alguien haya sido elegido aún; pero mejor con tiempo exigimos claridad y contribuimos, antes que sea demasiado tarde…una vez más.