La tensa situación en el Estrecho de Ormuz ha implicado un aumento significativo en los precios de los fertilizantes, especialmente los nitrogenados (e ingredientes, como el gas) que transitan por allí; e inclusive, los que proceden de otros países no directamente vinculados a dicha ruta. Estamos ante una situación que es más compleja que la tenida en el 2021-22, cuando se inicia la guerra entre Rusia y Ucrania.
El tema es de alta relevancia dado que (según datos de la FAO) entre 1992 y 2019 (con alguna disminución en los volúmenes, no en el gasto, en los cuatro años siguientes) el Perú pasó de usar por hectárea cultivada, 19.1 a 141,7 kilos de fertilizantes químicos, en su mayoría importados,
En estas notas se ofrece un breve análisis del contexto internacional; de los mercados nacionales y se dan sugerencias para abordar la situación en la agricultura nacional.
La oferta internacional: Alta volatilidad
En el escenario internacional, es oportuno diferenciar varios aspectos. El mercado mundial en 2026, está caracterizado por una alta demanda, surgida en parte por expectativas positivas en la agricultura en varios países. Las expectativas son de un comercio récord (205 millones de toneladas), pero marcado por la volatilidad de precios. Detrás de dicha volatilidad está la inestabilidad geopolítica (Medio Oriente) que afecta el suministro de gas nitrógeno y fertilizantes nitrogenados, especialmente. A ello se suma la alta concentración de exportadores (Rusia, 73 % de nitrogenados; Marruecos, 60 % de fosfatados; Canadá, 30% de potásicos) y el control de la industria por parte de pocas empresas, cada una con varias plantas. En pocas palabras, son mercados complejos y permanentemente expuestos a inestabilidad.
En el mercado nacional: Diversidad
Las cantidades importadas de los varios fertilizantes, varían a lo largo del año, respondiendo en parte a la demanda interna para diferentes cultivos. En enero y febrero de 2026, respecto al mismo periodo del año anterior, las importaciones peruanas de fertilizantes ascendieron a US$ 105 millones, mostrando una reducción de -15.1%, y el volumen de fertilizantes importados disminuyó -21.4%. En dicho bimestre, el principal fertilizante importado fue el fosfato diamónico y le siguen la urea, el sulfato de potasio, sulfato de amonio, el nitrato de potasio; el nitrato de amonio y el fosfato monoamónico. El resumen precedente nos permite destacar que en el Perú los fertilizantes importados son varios, de modo que considerar fertilizantes en conjunto, no permite un análisis adecuado ni definir una estrategia para afrontar la volatilidad internacional.
Preferencias: Muy variadas
El uso de fertilizantes nitrogenados y algunas mezclas, en forma granulada; se da especialmente en la agricultura comercial destinada al mercado interno (arroz, hortalizas, maíz y papa, en la costa); y en forma líquida, a través del fertiriego, en los cultivos de exportación. Entre los que usan fertilizantes, hay diferencias importantes que varían entre los excesos y las recomendaciones de uso con cautela, siendo el caso del arroz uno de los más notorios. En otros segmentos de productores, como en el caso de las papas nativas en la sierra, el uso es más limitado, y en varios cultivos el fertilizante químico se combina con estiércol. El guano de islas y los bioinsumos, son una opción dentro de lo posibilitado por la disponibilidad.
Algunos pecados
Estudios realizados en la UNALM, en la Universidad de Lambayeque y en el INIA (en Vista Florida) muestran algunas realidades indeseables en cuanto al uso de fertilizantes en la agricultura nacional: Entre los que usan fertilizantes, prima la cantidad inadecuada, con tendencia los excesos; la aplicación se da en época inoportuna; se usan mezclas que no responden a las necesidades de los cultivos durante su ciclo vegetativo; la aplicación se hace sin corroborar el estado adecuado de humedad del suelo, y contribuyendo en parte a todo lo anterior, existe reticencia a realizar análisis de suelos, de agua y de tejidos. Como resultado hay costos mayores de los necesarios; insuficiente impacto positivo en rendimientos; y desperdicio y daños ambientales; agravado en varios casos por las condiciones climáticas adversas.
Las preguntas incómodas
Considerando la inestabilidad de los mercados internacionales de fertilizantes; la diversidad en el mercado nacional dentro del gran abanico de fertilizantes; y las particularidades en cuanto a requerimientos de nutrientes para los diferentes cultivos, es necesario hacer un alto en el camino para responder a las siguientes preguntas:
Estamos conscientes que la inestabilidad es una condición que va a prevalecer; y que inclusive, ¿podría agravarse?
¿Necesitamos saber cuánto perdemos por el uso inadecuado de fertilizantes y por gastos innecesarios y cuánto podríamos mejorar?
¿Estamos alarmados por el aumento de los costos y creando expectativas de que la intervención del gobierno va a resolver el problema?
¿Sabemos que existe el conocimiento científico y la capacidad técnica para generar soluciones que respondan más al entendimiento de los requerimientos de nutrientes?
Si podemos abordar con seriedad estas preguntas, ya habremos hecho un avance para definir y acordar una estrategia para los próximos años.
Corolario
Lo que se requiere es una estrategia basada en soluciones que combinan el conocimiento de los mercados con el conocimiento técnico, la sensatez, la experiencia y la colaboración público-privada; y muy importante, no esperemos que sea demasiado tarde.
Es imperativo señalar la responsabilidad al MIDAGRI para que convoque el INIA, las universidades, los gremios agrarios, los proyectos de riego tecnificado y las Juntas de Usuarios de Agua; a generar un programa nacional de mediano plazo que permita cambiar el rumbo. Reconociendo los logros, especialmente en los cultivos de exportación, el actual rumbo, solo parece estarnos llevando a una agricultura crecientemente dependiente en fertilizantes químicos.