COLUMNA DE:
Tony Salas

Tony Salas

MS, MBA, PhD - Consultor internacional en agronegocios, innovación y sostenibilidad, con más de 500 proyectos en agroindustria, energía renovable e inversiones de impacto en más de 30 países. Ha asesorado transacciones en agro por cerca de USD 1,000 millones. Conduce el podcast “El Agronauta”. Fundador y Presidente de ACM Consulting.
09 marzo 2026 | 09:40 am Por: Tony Salas

Historias del Agronauta: Agua que no has de beber… (parte 5, final)

Historias del Agronauta: Agua que no has de beber… (parte 5, final)

Después de varios artículos hablando del precio, la escasez y las contradicciones del agua en la agricultura peruana, sentí que faltaba uno final. No para cerrar el tema —porque este tema no se cierra nunca— sino para ordenar ideas, experiencias y, sobre todo, posibles caminos.

Más que nada porque soy un convencido de que el agua es el gran cuello de botella del agro peruano. No porque falte, sino porque se gestiona mal: pequeños, grandes, sector público, sector privado… nadie se salva. Y, sin embargo, también puede ser nuestra mayor oportunidad si dejamos de improvisar.

A lo largo de los años he visto de todo. Campos que producen como relojes suizos con menos agua que una ducha corta, y otros que parecen piscinas olímpicas… con rendimientos de barrio. La diferencia casi nunca está en la cantidad. Está en la gestión.

Plantas más fuertes, no solo más agua

Una primera línea de trabajo es obvia: necesitamos variedades de cultivos más resilientes frente a los problemas de cantidad y calidad de agua. La adopción de variedades mejoradas —incluyendo transgénicos y ediciones génicas tolerantes al estrés hídrico donde corresponda— junto con el empleo inteligente de bioestimulantes, puede marcar una diferencia enorme frente al cambio climático.

No propongo “químicos milagrosos”. Propongo entender mejor cómo el agua afecta la fisiología de la planta y cómo eso impacta en la productividad. A partir de ahí, gestionar el riego en cada cuenca y ayudar a la planta a regular su metabolismo cuando el agua escasea, la temperatura sube o la salinidad aprieta.

Una planta que gestiona mejor su estrés necesita menos rescates. Por eso se trata de regar mejor, no necesariamente regar más. Parte del problema es cultural. Muchos agricultores siguen viendo el riego como un acto mecánico: “hoy toca agua”. No como una decisión fisiológica. Riegan cuando hay, no cuando se necesita.

Esto es especialmente peligroso en la costa, donde el mal silencioso de las sales nos obliga a estudiar el tema con mucha más seriedad. Siempre he sostenido que la gestión de sales en agua y suelo debería ser un curso obligatorio.

Lo mismo para los agroexportadores: Tensiómetros, sensores, dendrómetros, no para decorar informes, sino para decidir cuándo, cómo y cuánto regar. Usar todos esos chiches sin interpretar bien los datos no sirve de nada, porque la tecnología sin criterio solo encarece. Regar y echar agua sin medir son dos cosas distintas.

No me importa hacerme de enemigos, pero lo digo sin rodeos: la gran mayoría de agricultores no sabe regar. Sabe echar agua, que no es lo mismo.

Tecnología con cabeza

Incluso en la selva se deba incentivar el riego por goteo. Con la consultora hemos participado en proyectos exitosos de fertirriego en café en Colombia y cacao en Ecuador, reduciendo pérdidas y mejorando absorción de nutrientes. Hace medio año, acompañando a un fondo suizo, visitamos cafetales en Villa Rica donde unos agricultores obtienen récord de rentabilidad por la eficiencia del fertirriego. Unos cracks.

En la costa, podemos ir más allá del goteo. Así, por ejemplo, el riego por pulsos sigue siendo un sistema incomprendido. Bien utilizado, y eso requiere mucho conocimiento y ensayo, puede aumentar significativamente la productividad por litro aplicado. Mal utilizado, es solo un temporizador caro y he visto cómo ha llevado a la ruina a más de uno de los más pintados.

Otro riego vilipendiado y no siempre bien ponderado es lo que ocurre con otros de los sistemas presurizados, el riego por aspersión (circular o de movimiento lateral). En muchos contextos, la aspersión bien diseñada es más eficiente, más barata y adaptable. Incluso bien utilizado el riego por gravedad puede ser muy eficiente y el riego por goteo puede resultar un desastre si no se gestiona bien. Como decía mi amigo, el Dr. Noël Pallais: “el riego no es tecnificado, lo que tiene que ser tecnificado es el regador”.

Cuando el agua se vuelve mística

Para darle color a este artículo, recuerdo un emprendimiento para la masificación del agua “coherente”, que de forma magnética alineaba eléctricamente el agua para modificar su viscosidad e incrementar sus propiedades como solvente. Hicimos pruebas en España con resultados interesantes.

Pero los fundadores, unos especialistas en electrodinámica cuántica, se pelearon, el proyecto se desarmó y quedó en los archivos. Nunca pudimos avanzar con las ruedas de negocio para meterle capital y escalarlo. Una buena metáfora del agro: a veces tenemos ideas, tecnología y resultados… y aun así logramos arruinarlo todo.

El agua como política de Estado

Durante años hemos puesto casi todos los huevos en la canasta de los trasvases andinos. Y aunque tenemos proyectos admirables, seguir solo por ese camino puede generar conflictos sociales, ambientales y políticos innecesarios. La recomendación sería que, en paralelo, evaluemos seriamente la desalinización con energías renovables para irrigar tierras eriazas. No es una varita mágica, pero sí una alternativa complementaria, considerando que las APPs en otros países se van acercando cada vez más al umbral de lo económicamente viable.

También urge un plan nacional real de siembra y cosecha de agua: amunas, qochas, zanjas de infiltración, forestación, pagos por servicios ecosistémicos. La brecha forestal supera las 17 millones de hectáreas. En veinte años, solo hemos avanzado en un 5%. Una miseria. Mientras tanto, cada año dejamos que millones de metros cúbicos se pierdan en el mar.

Finalmente, no me he olvidado, Agronautas, de proponer que se redefinan los lineamientos técnicos para arroz y caña, en materia de geografía y recursos hídricos. No pueden seguir operando con estándares del siglo pasado y en el lugar equivocado.

En fin, lo que no se mide, no se gestiona. Pilas con el SENAMHI y el ANA. Está claro que necesitamos estaciones meteorológicas modernas, monitoreo digital de caudales en tiempo real, control de pozos con chips, alertas tempranas con inteligencia artificial. No para hacer dashboards bonitos, sino para tomar decisiones. Probar, medir, descartar, escalar. Ese debería ser el método. Y ahí el rol del INIA y las universidades también es clave: investigación aplicada, no papers que nadie quiere leer.

Menos discursos, más gestión

El Perú no tiene un problema inevitable de agua. Tiene un problema crónico de gestión.

Tenemos conocimiento.
Tenemos experiencias.
Tenemos tecnología.
Tenemos ejemplos que funcionan.

Lo que no tenemos es conducción, coordinación y coraje para ordenar el sistema. O aprendemos a gobernar el agua con ciencia, información y sentido común, o seguiremos administrando escasez, conflictos y mediocridad. No por falta de recursos.

Y créanme, queridos Agronautas: esa factura siempre llega. Y siempre la paga el campo.

Con la fe intacta en el agro (y esperando haber contribuido con una gota a entender la agenda pendiente), un abrazo, Agronautas

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