(Agraria.pe) El Estrecho de Ormuz es ampliamente reconocido como un chokepoint energético; sin embargo, su importancia va más allá del petróleo, ya que también representa un cuello de botella para la agricultura mundial debido a su papel en el comercio internacional de fertilizantes.
Así lo estima José Antonio Gómez Bazán, ex CEO de Camposol, para quien, en el caso de Perú, la situación adquiere relevancia justo cuando se inician dos campañas agrícolas clave: paltas y cítricos. Además, en este periodo se toman decisiones cruciales sobre la nutrición de cultivos como los arándanos, lo que aumenta la dependencia de insumos importados.
Según refiere, si las tensiones en la región del Estrecho de Ormuz se intensifican (por las amenazas de Irán a las embarcaciones en represalia por los ataques de EE.UU. e Israel) , el impacto más inmediato será una mayor volatilidad en los precios de fertilizantes, energía y servicios logísticos. Esta situación podría afectar directamente los costos de producción y exportación de los productos agrícolas peruanos.
¿Qué deben hacer los exportadores agrícolas?
Asegurar inventarios críticos de fertilizantes para evitar interrupciones en el suministro.
Diversificar proveedores de insumos esenciales, como empaques.
Ajustar los programas de fertilización para lograr una mayor eficiencia y reducir el impacto de posibles aumentos de precios.
Incorporar escenarios de costes logísticos más volátiles en la planificación comercial, buscando alternativas a los proveedores habituales de fletes.
“En el agribusiness actual, la competitividad ya no depende solo de producir bien. Depende cada vez más de gestionar riesgos geopolíticos en la cadena global de insumos”, concluyó Gómez Bazán.