Por: Francisco Seva Rivadulla, periodista agroalimentario internacional
(Agraria.pe) En la arquitectura de los flujos agrocomerciales, la relación entre el mango mexicano y el mercado de Norteamérica —compuesto por Estados Unidos y Canadá— representa uno de los intercambios comerciales más exitosos y sólidos de las últimas décadas. Esta alianza no solo ha posicionado a México como el proveedor líder indiscutible, sino que se ha convertido en la columna vertebral financiera de miles de familias productoras mexicanas.
Un socio de dimensiones históricas
El mercado norteamericano es, por mucho, el principal destino del mango mexicano, absorbiendo cerca del 90% de las exportaciones totales. Esta cercanía geográfica no es solo una ventaja logística; es un ecosistema de confianza mutua donde el consumidor estadounidense y canadiense ha integrado al mango como un producto básico en su dieta diaria.
Para el ciclo 2025-2026, las proyecciones indican que la demanda seguirá al alza. El dinamismo de este mercado permite que México envíe anualmente más de 65 millones de cajas, generando una derrama económica que supera los US$ 500 millones.
Logística de precisión
La gran fortaleza de esta relación radica en la eficiencia fronteriza. A diferencia de otros competidores sudamericanos que dependen de largas travesías marítimas, el mango mexicano llega a las mesas de Norteamérica en cuestión de días por vía terrestre.
Motor de tecnificación y empleo
La alta exigencia del consumidor norteamericano ha impulsado una transformación positiva en el campo mexicano. Para cumplir con los estándares de este mercado, los productores han invertido en:
Norteamérica: Garantía de Estabilidad Económica
En conclusión, Norteamérica no es solo un destino; es el aliado que ha permitido que la industria del mango en México alcance una madurez operativa de clase mundial, garantizando estabilidad económica y un horizonte de crecimiento sostenido para el sector agroindustrial nacional.